Formateando el Oído

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Escrito por: César Gómez

Justo cuando esta teniendo lugar la era digital, el bombardeo publicitario y que el más no poder de los avances científicos y tecnológicos nos atrapa, me surge (y se que a muchos) la pregunta, o mejor, la necesidad de ver u oír si tanta información puede nuestra cabeza asimilar, o mejor, si tiene que dejar de hacerlo.

La constante creación de aparatos, programas y demás; junto con el nacimiento y pronta reproducción de los reproductores portátiles de música como el conocidísimo iPod, y el mounstroso crecimiento de la piratería, además de su contraparte la compra de música en línea, ha hecho que los formatos comúnmente utilizados, o que por lo menos solíamos utilizar para escuchar nuestra música, como el del CD (formato CDA ) pierdan su validez, no por su calidad, lo que es paradójico, o que por lo menos nos sería 10 años atrás, sino, por llamarlo de alguna manera, “necesidad espacial“.

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Para hacer más claro el concepto expuesto, debemos centrarnos un poco en los diferentes “compresores” de formato existentes: El muy bien sabido MP3, otro nombre más que obtuvo la evolución de los formatos MPEG; el WMA que no es más que otro modo de Microsoft para combatir a Apple con el AIFF; los formatos MiniDisc, que fueron un fracaso de Sony en occidente de “comprimir” los CDS ( porque en Japón fue un éxito) y tantos otros, alrededor de 10 más que pueden encontrarse, pero con los que la vida digital cotidiana no nos junta tan a menudo o con tanta exactitud. Así pues, medio aclarados o vagamente conocidos los modos de “ahorrar” espacio, veamos, a que va todo esto.

El oído, con sus miles de pequeñas partículas internas, logra captar un rango de sonidos digamos que lo suficientemente amplio para lo que necesitamos oír. Pensándolo así, creeríamos que la ciencia se concentraría en buscar la forma de oír mas; pues no, todo lo contrario.

Todos estos formatos lo que hacen es eliminar sonidos por medio de la sicoacústica, que no es mas sino descubrir a que sonidos somos mas sensibles y qué podemos escuchar mejor. Comprimir un archivo de audio, que originalmente poseía un rango GIGANTE de frecuencias, para lo cual, estudios de grabación, grandes y multimillonarios, y, pequeños y limitados, invirtieron en la mejor tecnología para lograr que hasta el mas mínimo sonido que se quisiera grabar, tuviese cabida y sea interpretado por nuestra cabeza, como eso, un sonido con la mejor calidad posible.

Pero está el fenomenal iPod o sus imitacioncitas, que por espacio y portatibilidad, nos resetea el oído y nos acostumbra a oír menos de lo que la intención pretendía. Sabemos que en el momento en el que queremos que nuestro disco favorito, y los otros 100 favoritos, vayan con nosotros y nuestro reproductor, lo primero que debemos hacer es transformar el archivo, y comprimirlo solo para que quepa; y por esto, tal vez, más del 50% de las frecuencias originalmente plasmadas en una canción de CD, se han perdido, dependiendo de la compresión. Igual, nuestro oído solo va a escuchar lo que un par de parlanticos enanos en nuestra oreja pueden dar, y así se llevan miles de canciones en un pequeño espacio, reproduciendo lo mismo que el mamotreto de Discman podía interpretar.

Problema o no, lo que me parece a mi es; ¿Será que seguir invirtiendo en los mejores equipos para mi estudio de grabación van a hacer que ese tropipopero (o tropical popper, como me mencionó un amigo) alguna vez reconozca que su iPod no puede reproducir ese sonidito ridículo que quise hacer sonar en 5Khz? O ¿Que el maldito bombardeo publicitario y de avances tecnológicos, que me harán comprar un reproductor de Alta Definición (HD) se compadecerán de mi y mis colegas cuando ese disco de HD lo coja ese tropipopero y lo pase a su iPod? Seguro no.

Pero usted que está leyendo esto, piense si en verdad lo pequeño le trae mas beneficios a su placer de melomanía, o si en verdad lo grande sencillamente estorba en su bolsillo, a sabiendas que mañana tal vez le digan que lo tiene que cargar.

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