POLÍTICA EXTERIOR CHINA: El secreto está en la no-agresión

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 Escrito por: Monica Barrera

La República Popular de China, caracterizada en la antigüedad como el ‘país amarillo’ aislado, se ha convertido hoy en día en una potencia imparable que cada día asciende más en casi todos los campos: economía, sociedad, política, educación, tecnología, etc. Así mismo, se ha transformado en uno de los pocos países, sino casi el único, que puede ser un contrapeso al poder ‘hegemónico’ de Estados Unidos en el mundo, planteando un nuevo ordenamiento mundial en este siglo XXI que apenas comienza.

De este modo, vale la pena preguntarse sobre qué aspectos han hecho de la República un país tan fuerte, por qué ha ganado adeptos, y de qué manera los mismos Estados Unidos han o no contribuido al ascenso de este país asiático. Para ello, a lo largo del siguiente trabajo se analizarán distintos aspectos importantes y se hará una comparación entre la política exterior de China y la estadounidense para finalmente evaluar qué tipo de relación presentan estas dos, si una ‘relación directa’ en donde si el poder de uno aumenta también el otro, o si por el contrario es una ‘relación inversa’ en donde no hay lugar para el poder de las dos potencias en la misma región y debe predominar una.

En primer lugar, se debe destacar el crecimiento acelerado de la economía China con más de un 9% anual, que ha respondido a reformas económicas y políticas que se han venido haciendo desde los años 70, hecho que cambió el sistema rígido centralizado a un mercado socialista que ha sido muy bien manejado, todo ello acompañado de la entrada del país a la Organización Mundial del Comercio (OMC), la reevaluación del yuan, y otras medidas que han hecho de ese motor asiático uno de los grandes del momento.

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En segundo lugar, hay que destacar dos aspectos que Fernando Delage propone como aquellos que han contribuido al ascenso de China en este preciso momento: por una parte, el enfoque regionalista – integracionalista que ha adoptado el gobierno de Pekín, que se podría resumir en el término ‘asiatismo’, el cual define la nueva visión que se maneja, pues “después de los atentados terroristas del 11-S, las ideas chinas sobre su papel internacional han dado un paso adelante. Las guerras de Afganistán e Irak y la confirmada unipolaridad norteamericana, así como las implicaciones de su propio poder económico y del cambiante equilibrio asiático condujeron a la diplomacia china a redefinir su concepción del mundo”.

Por otra parte, la repercusión económica que tuvo la crisis asiática de 1997, en donde el Gigante Amarillo fue el único capaz de salvar a los ‘Tigres’ de la quiebra total, lo cual alimentó las buenas relaciones y la posterior cooperación en la región sudasiática en un principio.

En tercer lugar, se debe anotar la importancia que han jugado los pactos regionales que hoy día se han convertido en las bases fundamentales de la cooperación, casi se podría decir que serán el sustento de las instituciones que darán forma al ordenamiento asiático alrededor de dos décadas. Si bien uno de los más importantes es la Association of Southeast Nations (ASEAN) que busca el desarrollo de sus miembros, su crecimiento y su cooperación, a la vez que ha servido para la ‘securitización’ de la región, con miras a convertirse en ASEAN+3; también hay otras organizaciones como el Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico (APEC), el Foro Regional Asiático (ARF), e iniciativas como el Tratado de Seguridad Colectiva, la Comunidad Euroasiática y el “Grupo de Cooperación de Shanghai que se fundó para contrarrestar las fuerzas desestabilizadoras de la región: el terrorismo, el fundamentalismo y el crimen organizado” entre muchas otras.

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En cuarto lugar, China no estaría en la posición en la que está sino hubiera habido un declive importante en el poderío de Estados Unidos, en un principio por el mismo ascenso chino acompañado de el fracaso de la invasión a Irak y posteriormente la aparición de los huracanes Rita, Katrina y Vilma que han tocado puntos débiles en la economía estadounidense. De igual manera, ha afectado enormemente la visión de las personas del mundo del presidente George W. Bush por esa doble moral que maneja y esa política exterior agresiva característica de los candidatos republicanos, acompañado de la respuesta y el manejo que se le ha dado al nuevo enemigo de Occidente: el terrorismo.

En efecto, el mundo ha respondido a esa fuerza estadounidense, y Asia sí que es una de las regiones abanderadas en el tema, pues la integración de estos países responde también a la necesidad de disminuir el poderío militar de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y a debilitar sus lazos con Japón. Y es allí donde China comienza a jugar un rol interesante pues “el análisis de la experiencia soviética, reveló a los analistas chinos la imposibilidad e inutilidad de una competencia estratégica con EE.UU., les condujo a la conclusión de que no había otra alternativa al desarrollo de una relación positiva con Washington. China debía reforzar su influencia de manera indirecta y asimétrica: no militarmente, sino utilizando mecanismos formales e informales de un mundo interdependiente – las instituciones multilaterales y los intercambios económico-“ en oposición a esa teoría Realista que aún maneja el poderoso americano.

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Sin embargo, aun existen ‘piedras en el zapato’ para el Gigante amarillo tales como Taiwán, pues “Estados Unidos quiere que se vuelva una potencia militar…al mismo tiempo que genera conflicto con Corea del Norte y las armas nucleares”, así como aun hay “enfrentamientos territoriales por la delimitación de fronteras con India, Rusia, Tayikistán y Corea Norte, sumándolo con la disputa con Vietnam por el establecimiento de los límites en el golfo de Tonkin (…) y el reclamo de la soberanía ante Japón respecto a las islas Spratly en el mar de China”. De tal manera que la percepción externa sobre cómo China ejerce su influencia en el exterior dependerá del tratamiento que le de a estos obstáculos.

Así entonces, se debe anotar que hay cuatro factores importantes para explicar la posición de China en el mundo de hoy: primero, sus reformas internas y acelerado crecimiento económico; segundo, la nueva visión ‘asiatista’ de la política exterior y la importancia que jugó la Crisis Asiática en la transformación de la región. Tercero, el éxito de los pactos y organizaciones creadas en pro del acercamiento entre naciones asiáticas; y cuarto, el declive del poderío estadounidense. De tal manera que todo esto lleva a que China, con mucha sabiduría, responda de una manera pacífica y cooperadora muy manejada desde la economía, mientras los Estados Unidos pierden fuerza en el mundo por su visión aun realista de los asuntos, que de igual forma ha influido también en el desarrollo del gigante amarillo y lo hacen ver como un futuro hegemón.

2 Comments so far

  1. Robor on febrero 5th, 2009

    Hello,
    Not sure that this is true) but thanks

    Have a nice day
    Robor

  2. Elcoj on marzo 16th, 2009

    Hello,
    Interesting, I`ll quote it on my site later.

    Thanks
    Elcoj

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