Cuento: Arte

 

Escrito por: Jandl

Después tuve que volver al apartamento, desde hace mucho lo vengo haciendo, me han dejado de escribir, las he buscado, pero en algunos momentos quisiera que esas cartas volvieran. Hoy por la tarde caminé todo el tiempo, descansaba por breves momentos, cuando quería fumar, y después continuaba. Me gusta igual hacer esto una vez por semana, estar tranquilo, no pensar mucho y disfrutar de esta pequeña ciudad, que me recibió bien, con cosas que nunca esperaba, descubriendo cosas propias que nunca las pensé posibles en mi.

 

Usualmente salía los fines de semana, con unas buenas personas que conocí hace muy poco, en busca de una buena diversión, de pasar un rato de destilación, mucha música y lo que viniese con ello. Sin embargo, lo más interesante de todo ello era descubrir siempre cosas nuevas, sobre todo las costumbres, las mañas de la gente, que son en algunos lugares muy extrañas, únicas, lo que siempre me dejó sorprendido, pero las propias igual compaginaban, en ciertos contextos, con las lugareñas, se es algunas veces testigo presencial del encuentro inesperado, que paradójicamente es el más esperado.

 

El encuentro de cariño desesperado, falso amor, goce, tristeza disfrazada, una alegría demasiado protuberante, incierta, explotable, miserable, angustiante, sin sentido, insignificante, inmensa, lo era todo a la vez. La diversión continuaba, se expresaba en todo el mundo de forma muy diferente, sin embargo, siempre estaba ahí la música, no Rock todo el tiempo, pero la mayor parte del tiempo ésta sonaba, a ella no le importaba, pasar un buen rato era lo importante, su dinero parecía inacabable, no paraba de beber, la pena la consumía y el alcohol la acompañaba, digestivo perfecto para la amargura, intranquilidad presente con ayuda del bienestar coyuntural. Sus ojos ya han cambiado de apariencia, su cuerpo no se controla a sí mismo, su cabeza está en otro lugar, con el, con el otro, dividida en dos, su canción favorita, ahora no importa nada, y seguía, seguía. Cuando se dio cuenta que su cuerpo reaccionaba muy poco a lo que ella quería hacer, sabía que en el baño las cosas podrían cambia, se desapareció por más de 15 minutos, el se preocupó, pero sabía que volvería, los dos querían lo mismo esa noche, y ninguno estaba dispuesto a desaprovecharla.

 

-Parece que no le ha dado besos a alguien en mucho tiempo… – decía el.

-¿Pero si le gusta o esta de puro desparche? – pregunta el otro.

-Esta linda la vieja, pero toca esperar, esta muy vuelta mierda, y así sería muy perdedor…bueno, usted me entiende.

-Si, tiene razón, de todas formas aproveche, uno no sabe que pueda pasar de ahora en adelante. La vieja no esperó nada para hablar con usted apenas o vio. Eso dice algo, ¿no?.

-… Prefiero esperar un poco, conocer a alguien así no más es muy extraño para mi, si es que no es la primera vez que me pasa… no me quejo, solo que me da miedo enfrentar estas cosas…

-No sea tan guevón, relájese un poco, no se ponga como un estúpido y aproveche, ojalá le vaya bien…. ahora me voy donde mi novia, suerte.

-Mándele saludos, que la llamo mañana para ver que hacemos con la cuestión de las fotos…

-Fresco, yo le digo, se cuida…

 

Cuando volvió, ya no era la misma, estaba muy eufórica, tenia sobredosis de alegría espontánea, ayuda química, sería mejor llamarla inducida, desde sus facciones hasta su forma de caminar, bailar, hablar, hasta beber han cambiado. Éste se sentía muy extrañado frente a esta casi nueva persona que le había aparecido; pero de igual forma, ella seguía muy interesada en el, aunque desde hacia ya un rato no tenía cabeza, todo era blanco, solo la música le daba color.

 

Fueron a su casa, ella no quería ir a un lugar desconocido, así se sintiera siempre insegura, si algo pasaba prefería que fuera en su hogar. Los dos tenían mucha hambre, decidieron comer algo, aunque nunca había mucho que comer en su apartamento, solo algunas frutas, vegetales y otras, pues ella no le gustaba cocinar, su mayor creación era untar algo sobre unas galletas o un pan. Mientras comían lo que encontraban, él le estaba contando un poco sobre su vida, para ver como reaccionaba ella, siempre fue un hombre solitario, y nunca estuvo conforme con las cosas que hacía y vivía, se limitaba a capturar instante del tiempo y el espacio, ya no en celulosa, sino en un chip, con lo cual armaba portafolios para saber si lo que el veía, lo que el percibía cada vez que salía a la calle, era interesante o delirios de querer ser diferente, alguien.

 

Ella se interesó mucho, este tipo de arte siempre le pareció divertido, innovador, macabro, demasiado real. Las más impactante era una donde mostraba los contrastes que existen en las ciudades, donde se encuentran la vida y la muerte, la alegría y la tristeza, la riqueza y la pobreza, cualquier calle de este maldito lugar. Ella quería que él le explicara cual era su idea principal al haber tomado esta foto, pero solo se limito a decir que era un lugar más, donde no sintió nada, sino soledad. Parece que ésta siempre fuera a acompañarlo, de hecho, estaba allí en ese momento, esperando a que él recordara cosas, para consumirlo poco a poco, con el mayor de los sufrimientos, como siempre lo hacía, y después ella poderse nutrir del flagelo y la adicción, parecía algo de nunca acabar.

 

No se pudo contener más, estuvo encima de él en menos de un segundo, ella solo pensaba en el vaso de whisky y el hielo que se estaba derritiendo, que mientras lo hacia podía beber un poco, sólo quería saciarse de eso que por un tiempo no había tenido, con un hombre que le despertaba un interés profundo, hasta allí quería llegar. Sabía que el sexo era la mejor manera para que un hombre como éste se pudiera soltar y ser el mismo, saber por qué vio en el alguien no tan fálico como siempre lo hizo con los hombres, lo veía como ese impulso que necesitaba para salir de su inexistencia. El alcohol se estaba acabando, los aditivos sintéticos también, ella comenzaba a sentirse culpable por destrozar a este hombre a punta de preguntas que reprimían cada vez más los demonios internos de él; mientras que fumaba, solo tenía la gillette en la mente, la coca para embalarse y el licor barato para calmarse, no podía soportar recordar todo aquello que alguna vez vivió. En ese momento se dio cuenta que el del problema no era ella sino él, que necesitaba dejar de sentirse amenazado por todos, tranquilo, ella lo hacia sentir muy cómodo, no era una simple zona de descarga, ni una arpía que lo utilizaría por mucho tiempo para vivir gratis y hacer lo que no ha podido viviendo por sí misma. Dejó atrás todas las cosas que había pensado sobre ella, no por haber tenido algo con ella, sino porque en realidad quería escucharlo, saber quien era, no que tenía, al igual que él sobre ella. No era ni siquiera algo parecido al amor, era volver a creer en alguien, volver a creer en ellos mismos, volver a ser.

 

Quien sabe si eran el uno para el otro, eso no importa, por fin ha llegado el momento de la obra cumbre, la mejor fotografía que habría podido obturar: la mujer que siempre soñó, el hombre que siempre la querrá. Y para ella, él era su mejor encuentro, su mayor esperanza, nunca lo dejará. Las baterías se agotaron, la energía también, han decidido descansar, recuperar lo perdido, así sientan que nunca han tenido nada, sin embargo encontraron algo, arte.

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